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La educación ¿A punto de arrastrarnos a un abismo de pobreza?

Ante una cada vez más cercana salida de la pandemia, el siguiente gran desafío para el Estado boliviano será restablecer las capacidades del sector educativo. En la semana de vuelta a clases, lastimosamente concluimos que Bolivia no cuenta actualmente con las condiciones requeridas para atender este desafío.

La CEPAL ha denominado al rezago educativo como la “crisis silenciosa”. Esta crisis es la combinación de los problemas de continuidad, brechas de aprendizaje y aumento del abandono escolar.

La magnitud de esa crisis es tal, que se estima que 3,1 millones de jóvenes, niñas y niños en América Latina podrían abandonar su educación. El Banco Mundial calculó que la pobreza de aprendizaje – capacidad de los estudiantes de comprender lo que leen – podría haber crecido de 51% a 62,5% en la región. De no resolver los problemas causados por la pandemia, la UNESCO alega que se podrían retroceder 20 años en cuanto avances en los niveles de aprendizaje  y educación escolar.

Parte de esta crisis deriva de la posibilidad de continuar con la educación durante la pandemia, tanto en lo que es su acceso como en las condiciones más óptimas posibles. Ello es tener adecuadas conexiones a internet, buenas plataformas y contenidos, capacidades tecno-pedagógicas en los maestros, acompañamiento en el hogar a los estudiantes, entre otros aspectos.

Bolivia es uno de los países en mayor riesgo de ser afectado por esta “crisis silenciosa” debido a la imposibilidad de contar con las condiciones mínimas para restablecer la educación.

Empezando por el cierre de escuelas en Bolivia durante la pandemia, de acuerdo a UNESCO, Bolivia es el segundo país en el mundo con mayor cantidad de semanas acumuladas de establecimientos educativos paralizados. Esto se complementa con un estudio de UNICEF, que indica que alrededor del 47% de las entidades educativas (particulares y fiscales) en Bolivia, dejaron de pasar clases completamente en 2020.

Poco más del 52% de los establecimientos educativos pasaron a clases virtuales. No obstante, a pesar de los esfuerzos que establecimientos educativos y maestros pudieran haber realizado, la mayoría de los estudiantes en Bolivia no tienen las posibilidades de acceder a internet en sus hogares. La CEPAL indica que sólo 67% de los Niños Niñas y Aadolescentes (NNA) de la población considerada más rica en Bolivia, tenía un hogar con acceso a internet, frente a un  7% de los NNA de la población más pobre. A esto, por supuesto, hay que sumar la capacidad de contar con dispositivos, requiriendo más de uno en hogares con más de un NNA. Poco menos de la mitad de los hogares bolivianos con NNA en edad escolar tienen al menos un dispositivo electrónico que no sea un teléfono celular (computadora personal o tablet).

En un país en el cual, de acuerdo a la Autoridad de Telecomunicaciones y Transporte (ATT), el 92% de las conexiones a internet son móviles (siendo también Bolivia uno de los países con menor desarrollo de la conexión de banda ancha de la región), la continuidad educativa fue también un gran desafío para las economías de los hogares. Esto pues, la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) sitúa a Bolivia como uno de los países con internet móvil más caros del mundo (Puesto 155 de 188), el cual implica el 11.57% del PIB per cápita.

Pero va más allá, en un estudio de tipo cualitativo que está siendo elaborado por la Fundación InternetBolivia.org (Cristian León, Lu An Mendez y Wilmer Machaca), que compara la situación de la educación virtual en el área urbana y rural del municipio de La Paz, se identifican otros múltiples problemas. Los maestros de zonas rurales tuvieron aún más dificultades que los de zonas urbanas para utilizar las plataformas virtuales, pues no contaron con la suficiente capacitación o acceso a materiales que les ayudara a nivelarse. Hogares que dependen de la economía informal o son basados en la economía familiar – gran parte de la familia trabaja – dieron menor acompañamiento a los NNA en su educación a distancia, por el menor tiempo disponible de los padres y los ingresos menos estables. Al mismo tiempo, la escasez de dispositivos y la falta de internet ilimitado, llevó a que se tuviera que priorizar qué miembro de la familia accedía a la educación, pues al tener sólo conexión móvil, dependen de la cantidad de megas o tiempo específico.

Todo lo anterior implica que, además que las generaciones en edad escolar tienen grandes obstáculos para acceder a clases, sumado a los bajos niveles de aprendizaje, también la brecha entre ricos y pobres no sólo podría reproducirse en el futuro, sino hasta agravarse. Las nuevas generaciones más pobres no podrán competir con las mismas capacidades y conocimientos de la educación formal que sus pares más ricos, resultando en menos oportunidades para éstos. A su vez, la brecha de género también podría verse afectada, en tanto  las mujeres tienen menos acceso a las tecnologías que los hombres y su rol doméstico y de cuidadoras en el hogar durante la pandemia se agudizó.

Lograr restablecer las capacidades del sector educativo, en el contexto post pandémico y de digitalización, requiere por un lado, abrir las escuelas para el retorno a clases con adecuadas medidas de bioseguridad. Por el otro, fortalecer las capacidades de acceso a internet para evitar cierres o rezagos ante nuevas olas, así como incrementar las competencias digitales.

Los informes especializados recomiendan a los países avanzar en varias políticas públicas que enlisto a continuación:

  1. Generar subsidios para conexiones a internet y dispositivos. Los países que tuvieron mejores resultados educativos durante la pandemia, han priorizado brindar este tipo de ayuda.
  2. Invertir en infraestructura de internet para áreas remotas o de difícil acceso, es decir, cerrar la brecha digital desde lo rural hacia lo urbano, y no al revés.
  3. Brindar soporte y capacitaciones específicas para generar competencias tecnopedagógicas en maestros. La alfabetización digital para maestros debería llegar primero a estos, así como durante la emergencia sanitaria se priorizó vacunas para el personal de salud.
  4. Analizar posibles intervenciones al sistema educativo para actualizar las currículas e incluir el desarrollo de contenidos y plataformas. Se debe abordar la educación virtual no como un alternativa, sino como parte íntegra del sistema formal.

De no asumirse a la educación como la siguiente gran prioridad del Estado, Bolivia corre el alto riesgo de comprometer su desarrollo futuro y reducir las oportunidades de las generaciones que fueron afectadas por la pandemia. Se requieren medidas específicas que van de la mano de cerrar las brechas digitales y crear programas de alfabetización digital desde perspectivas inclusivas y orientadas a desarrollar competencias en las nuevas generaciones para el mundo de hoy.

Autor: Cristian León. Director ejecutivo de la Fundación InternetBolivia.org