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La familia Gutiérrez Poma tuvo que mudarse de su casa en el área rural hasta la ciudad de El Alto, camino a Viacha, para que sus dos hijos pudieran pasar clases virtuales debido a la falta de conectividad a internet. Su caso fue cubierto por medios internacionales la anterior semana. Esa historia no es inusual, es la realidad de miles de familias del área rural y peri urbana que en esta pandemia, fueron dejadas atrás debido a la gran brecha digital que persiste en Bolivia.

Mientras que en el área urbana la encuesta de hogares alega que alrededor del 70% de los bolivianos y bolivianas acceden a internet, en el área rural es menos del 30%. En una situación en la que, debido a la suspensión de gran parte de las actividades presenciales, se tuvo que depender de internet como manera de sostener la educación, el acceso a información, el trabajo, el comercio, entre otras actividades críticas para el desarrollo, estas cifras implican restar oportunidades a una vasta mayoría de personas.

Actualmente el país no está llevando adelante ninguna política específica para cerrar esa brecha digital. No obstante, en las ciudades pareciera que la digitalización va acelerándose, con un mayor desarrollo de plataformas, avances en comercio electrónico y consumo de servicios. Entonces, pareciera que queremos dar un salto a la digitalización, pero sin una perspectiva de inclusión. Eso no es desarrollo, pues implica ampliar aún más las desigualdades que tanto dividen en nuestra sociedad.

Necesitamos asumir otra perspectiva. La Fundación Internet Bolivia.org fue también protagonista en la historia de la familia Gutiérrez Poma por que atendió el requerimiento de una Asociación de vendedores de El Alto. Una de las inquietudes era aprender a elegir mejor las bolsas de datos para la educación virtual de sus hijos e hijas. Como organización, estamos trabajando también con gobiernos municipales para ayudarles a pensar soluciones a sus problemas de conectividad a internet y desarrollamos cursos para generar competencias digitales en personas adulto-mayores. No obstante, nuestro alcance es a pequeña escala.

Bolivia requiere políticas públicas que atiendan las necesidades digitales de una gran mayoría. Nuestro internet sigue siendo uno de los más caros de la región, en parte debido a los problemas de infraestructura y mediterraneidad; no obstante, también lo tiene por que internet no es asumido como un servicio básico que deba ser subsidiado para temas de educación o trabajo. En la cuarta revolución industrial, un país sin internet es como un país sin escuelas para preparar a su población para competir en el mundo.

¿Cómo hacerlo? No es fácil, por supuesto, pero implica hacer que la infraestructura de fibra óptica que llega a los nueve departamentos, también llegue a los municipios (menos del 50% de los municipios acceden a esta). Implica que existan programas de alfabetización digital masiva, tanto en aspectos básicos como los más avanzados. Implica la generación y actualización de nuestra legislación para tener incentivos a empresas que se digitalizan, una mayor difusión de medios de pagos digitales y garantías con respecto al manejo de datos personales. Implica facilidades para el comercio electrónico y el desarrollo de nuevos servicios digitales, promoviendo así la innovación y la difusión de nuestros productos. Implica que los gobierno nacional y sub nacionales, generen políticas de inclusión digital y así se ponga la meta de cerrar las brechas para el 2025.