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En épocas electorales la desinformación se expande con fuerza. Circular por redes sociales significa toparse con rumores, imágenes manipuladas, titulares engañosos y contenidos diseñados para despertar miedo, enojo o desconfianza. No es un fenómeno menor: la desinformación puede influir en decisiones individuales y colectivas, erosionar la confianza en las instituciones y poner en riesgo la propia democracia.

Ante esa realidad surge una pregunta necesaria: ¿Qué podemos hacer los ciudadanos y ciudadanas para enfrentarla? La respuesta, aunque desafiante, tiene dos pilares fundamentales: la formación y la organización.

En el mundo digital, la información viaja más rápido de lo que alcanza la capacidad de verificarla. Por eso, los espacios de formación —MOOC (Massive Open Online Course, en español Curso Masivo Abierto en Línea)— se vuelven herramientas cruciales.

Un MOOC bien diseñado no solo explica qué es la desinformación o cómo reconocerla. También brinda un marco más amplio: cómo funciona la comunicación en tiempos electorales, qué normas existen para proteger la transparencia y, sobre todo, qué herramientas prácticas tenemos para verificar contenidos.

Una formación de este tipo cambia la manera en que se enfrenta la información: las personas pasan de recibirla de forma pasiva a revisarla con mayor atención, aplicando herramientas de verificación y tomando decisiones más informadas.

Pero la formación individual no es suficiente. Si la desinformación se multiplica gracias a miles de clics y compartidos, la respuesta también necesita de la acción colectiva.

Ahí entran en juego las redes ciudadanas: espacios donde personas diversas —estudiantes, profesionales, amas de casa, vecinos de distintas regiones— se articulan con un propósito común. Estas redes pueden producir y difundir información verificada, acompañar procesos electorales, vigilar la transparencia de las instituciones o, simplemente, crear comunidad frente a la incertidumbre.

Cuando la formación se transforma en una red ciudadana, el aprendizaje se traduce en práctica. Esto se refleja en iniciativas de verificación, campañas informativas y en la vigilancia de los procesos democráticos.

Con ese propósito nace el MOOC de democracia y desinformación organizado por la Fundación Internet Bolivia y Asociación aguayo en Bolivia, del que surgió una red ciudadana con cientos de integrantes. Lo que empezó como un curso virtual terminó transformándose en un espacio de articulación para compartir información verificada en plena coyuntura electoral. Esta experiencia nos recuerda que los MOOC no son un fin en sí mismos, sino un medio para construir ciudadanía activa.

Durante mucho tiempo se ha insistido en que el ciudadano debe “verificar antes de compartir”. Y es cierto. Pero no basta. La lucha contra la desinformación no puede recaer únicamente en la responsabilidad individual.

Los generadores de contenido, los medios de comunicación y las propias autoridades también tienen un rol fundamental. Muchas veces, son justamente estos actores quienes propagan mensajes engañosos con fines políticos o económicos. Por eso, las redes ciudadanas cumplen una doble función: fortalecen la mirada crítica de la gente y, al mismo tiempo, ejercen presión y vigilancia frente a quienes producen información.

Haber acompañado procesos de formación y de organización ciudadana me ha confirmado una convicción: la democracia se defiende mejor cuando está habitada por personas informadas, conectadas y activas.

Las capacitaciones en línea, como los MOOC, amplían el acceso al conocimiento y ofrecen herramientas útiles para la participación ciudadana. Sin embargo, su verdadero impacto se materializa cuando las personas se organizan en redes ciudadanas. En estos espacios, la diversidad de perfiles aporta distintas perspectivas, las voces individuales se articulan en demandas colectivas, y las inquietudes personales se transforman en acciones coordinadas que fortalecen el tejido social.

No se trata de sumar gente al azar, sino de articular a personas que tienen la motivación y las herramientas para actuar con conciencia. De esa forma, las redes no son solo grupos en línea, sino verdaderas comunidades democráticas.

En un momento como éste, cada actor tiene una responsabilidad.

  • Ciudadanía: su participación cuenta. Informarse, dudar antes de compartir y elegir bien las fuentes ayudan a que circule información de calidad.
  • Autoridades: la transparencia y la comunicación clara son la base para generar confianza. Esa confianza no se impone, se gana con hechos.
  • Quienes crean y difunden contenido: lo que publican influye en miles de personas. Puede aportar a la democracia o dañarla. La responsabilidad es grande y no puede ignorarse.

La democracia se sostiene cuando todos asumimos nuestro rol con respeto, responsabilidad y compromiso.

 

Por Alisson Melani Morales Choque, consultora de la Fundación InternetBolivia.org para Guardiana

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