Como ocurre cada gestión, recientemente se ha publicado la Resolución Ministerial que establece las Normas Generales para la Gestión Educativa del Subsistema de Educación Regular. La “novedad” más llamativa de la Resolución Ministerial N° 0001/2026 se encuentra en el Artículo 45 (Uso de celulares), donde se establece de manera explícita que: “Queda terminantemente prohibido el uso de celulares en el aula por parte de estudiantes y maestros.” Este es el único artículo de la normativa que hace referencia directa al uso de dispositivos móviles en el ámbito educativo regular y, por tanto, define de forma contundente el accionar de docentes y estudiantes durante la presente gestión.
Desde una perspectiva crítica y educativa, resulta inevitable preguntarse: ¿la prohibición busca mejorar el rendimiento académico?, ¿reducir la distracción en el aula?, ¿o fortalecer la disciplina escolar? Estas interrogantes no encuentran respuestas explícitas en el texto normativo.
Esta resolución suele ser, ante todo, un instrumento técnico, administrativo y de gestión, cuyo objetivo principal es regular los procedimientos de planificación, organización, ejecución, acompañamiento y evaluación de la gestión en curso del Subsistema de Educación Regular. En ese sentido, no se trata de una política educativa integral ni de una estrategia pedagógica, sino de una norma de carácter operativo.
Por ello, el Artículo 45 se presenta principalmente como una disposición restrictiva, carente de un marco conceptual que oriente su aplicación pedagógica. Esta situación deja un amplio margen de interpretación a las direcciones distritales y a las unidades educativas, que deberán decidir cómo aplicar la prohibición en función de sus propios contextos.
Ahí radica el principal problema: en el contexto educativo nacional, una prohibición formulada de manera general y sin orientaciones claras puede derivar en aplicaciones desiguales, contradictorias o incluso contraproducentes. Pensar críticamente esta medida implica preguntarnos qué significa realmente “prohibir” el uso de celulares en el aula y cuáles pueden ser sus efectos reales sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En ese sentido, su alcance resulta limitado y deja abiertas más interrogantes que respuestas sobre el abordaje de la tecnología en la educación. De ahí la necesidad de comprender esta decisión de manera más amplia, analizar qué implica y qué no, y, sobre todo, aterrizar el debate en la realidad del sistema educativo boliviano.
El contexto internacional
Esta decisión no es una rareza en el escenario global: en muchos países se han implementado políticas para restringir o incluso prohibir el uso de teléfonos móviles en entornos escolares, motivadas por preocupaciones sobre distracción, clima de aula y salud mental de los estudiantes. Organizaciones como la UNESCO han recomendado restricciones al uso de smartphones en las escuelas, argumentando que la proximidad constante de estos dispositivos puede distraer a los/as estudiantes y disminuir el rendimiento académico, a la vez que plantean que su uso excesivo sin acompañamiento pedagógico puede perjudicar la calidad del aprendizaje.
Sin embargo, la evidencia internacional sobre los efectos de estas prohibiciones es compleja y no concluyente. Un estudio reciente llevado a cabo en el Reino Unido publicado en una revista vinculada a The Lancet y reportado por la BBC News concluyó que las escuelas que aplican prohibiciones estrictas sobre teléfonos no presentan diferencias significativas en rendimiento académico, bienestar mental, sueño o comportamiento en el aula respecto a aquellas que no lo hacen. Es decir, la sola presencia de una política de prohibición no garantiza mejoras en los resultados escolares ni en la salud emocional de las/os estudiantes. Lo que sí se encontró es una correlación entre el uso intensivo de smartphones y factores negativos como menor bienestar psicológico, hábitos de sueño más pobres y mayores niveles de distracción, lo que sugiere que la política por sí sola no es suficiente para abordar estos problemas.
De manera complementaria, informes como el del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), basados en análisis de datos como los del estudio PISA 2022, han identificado que las políticas de restricción pueden correlacionarse con mejoras en el clima de aula, disminución de ansiedad estudiantil y en contextos donde se aplican de forma rigurosa y contextualizada con modestos aumentos en resultados académicos. No obstante, estos efectos no son automáticos y dependen fuertemente del contexto educativo, de la realidad socioeconómica de los estudiantes, y, sobre todo, de cómo se implementa y acompaña la política en la práctica.
Este contraste entre recomendaciones institucionales y hallazgos empíricos subraya que las restricciones por sí mismas no son una solución mágica. Las políticas de prohibición pueden ser parte de una estrategia más amplia, pero su efectividad real depende de que se integren con formación docente, educación digital crítica, promoción de hábitos saludables de uso de tecnología y estrategias que aborden también los usos cotidianos fuera del aula.
El problema de importar reglas sin leer el contexto
Aquí emerge una de las tensiones centrales del debate: adoptar lineamientos internacionales sin una lectura crítica y situada de la realidad educativa nacional puede resultar no solo insuficiente, sino incluso contraproducente. Las recomendaciones globales ofrecen marcos de referencia valiosos, pero su aplicación mecánica ignora las particularidades sociales, pedagógicas y tecnológicas de cada sistema educativo.
En el contexto boliviano, la cuestión del acceso tecnológico es especialmente relevante. Gran parte de la población estudiantil accede a Internet principalmente a través de dispositivos móviles y no mediante computadoras personales o equipamiento fijo en los centros educativos. Esto responde a razones estructurales bien conocidas: no todas las unidades educativas cuentan con laboratorios de computación adecuados, conectividad estable ni infraestructura digital con capacidad suficiente. En ese escenario, el teléfono celular, pese a sus limitaciones, se convierte muchas veces en la principal, e incluso única, herramienta de acceso a conocimiento, recursos educativos en línea y plataformas de apoyo escolar. La decisión de prohibir específicamente el uso de celulares, sin extender la medida a otros dispositivos como laptops o sin ofrecer alternativas tecnológicas viables, introduce además una diferenciación implícita entre estudiantes según su nivel socioeconómico: mientras algunos pueden continuar accediendo a contenidos digitales desde computadoras personales, otros ven restringido su único medio de conexión. Así, más que una medida pedagógica neutral, la prohibición corre el riesgo de profundizar desigualdades preexistentes y de excluir del aprendizaje digital precisamente a quienes dependen del celular como su principal puerta de acceso al conocimiento.
En primer lugar, la prohibición del uso de celulares no elimina el uso de la tecnología en los procesos educativos. Herramientas como la inteligencia artificial generativa, los motores de búsqueda, las plataformas educativas y diversas aplicaciones digitales continúan siendo utilizadas por los estudiantes fuera del aula formal, especialmente para la realización de tareas escolares. Pretender que el aprendizaje contemporáneo pueda desconectarse del entorno digital es desconocer una realidad estructural: la experiencia educativa de niñas, niños y adolescentes ya está profundamente atravesada por lo digital, dentro y fuera de la escuela.
En segundo lugar, al extender la prohibición también al cuerpo docente, existe el riesgo de frenar o desincentivar procesos de innovación pedagógica. En un contexto donde persiste una significativa brecha de competencias digitales entre maestras y maestros, esta norma puede convertirse en un respaldo normativo para evitar la actualización profesional y la exploración de metodologías activas apoyadas en tecnología. De este modo, la prohibición corre el riesgo de reforzar enfoques pedagógicos tradicionales que, como la evidencia demuestra, resultan cada vez menos efectivos para responder a las dinámicas actuales del aprendizaje y a las expectativas de las nuevas generaciones.
Prohibir celulares no reduce la violencia digital
Uno de los silencios más preocupantes de la Resolución Ministerial es la ausencia total de referencias explícitas a la violencia digital. Si bien el documento menciona de manera general la lucha contra la violencia en el ámbito educativo, no incorpora la dimensión digital, a pesar de que esta constituye hoy una parte central de la experiencia educativa de niñas, niños y adolescentes.
La evidencia recogida en el Reporte SOS Digital 2025 de InternetBolivia.org muestra que una proporción significativa de estudiantes ha estado expuesta a situaciones de riesgo en línea, entre ellas ciberacoso, mensajes ofensivos, exclusión digital y circulación de contenidos dañinos, muchas veces vinculadas a relaciones que se originan o se reproducen en el espacio escolar. Estos conflictos no se limitan al uso del dispositivo dentro del aula, sino que trascienden el horario escolar y regresan al entorno educativo en forma de malestar emocional, conflictos entre pares y afectaciones al proceso de aprendizaje.
Estos hallazgos dialogan directamente con los resultados de la investigación Navegando entre riesgos, desarrollada por el Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento (ICC) de la Universidad Católica Boliviana, en alianza con Save the Children e InternetBolivia.org. El estudio evidencia que niñas, niños y adolescentes no distinguen de manera tajante entre lo “escolar” y lo “digital”, y que muchas de las violencias que experimentan en línea están relacionadas con dinámicas de poder, discriminación y relaciones sociales construidas en el entorno educativo.
La investigación subraya, además, que las respuestas centradas exclusivamente en la restricción del acceso tecnológico resultan insuficientes, ya que no abordan los factores sociales, emocionales y educativos que están en la base de la violencia digital. Por el contrario, el estudio destaca la importancia de estrategias preventivas, el fortalecimiento de habilidades socioemocionales, la formación en ciudadanía digital y el rol activo de docentes y unidades educativas en la detección y abordaje de estas problemáticas (ICC-UCB, Save the Children & InternetBolivia.org, 2024).
En este sentido, prohibir el uso del celular en el aula no reduce automáticamente la violencia digital, y puede incluso contribuir a su invisibilización, al desplazarla fuera del espacio institucional sin generar herramientas para su comprensión y prevención. Ignorar esta dimensión implica desconocer una realidad que impacta directamente en el clima escolar, el bienestar emocional del estudiantado y los procesos de enseñanza y aprendizaje, aun cuando el dispositivo no esté físicamente presente en clase.
Conclusión: más que prohibir, educar en lo digital
La prohibición del uso de celulares en el aula, establecida en la Resolución Ministerial N° 0001/2026, puede tener fundamentos comprensibles y, en determinados contextos efectos positivos puntuales. Sin embargo, corre el riesgo de convertirse en una respuesta simplificada a problemas complejos si no se acompaña de una estrategia educativa integral que dialogue con la realidad digital del país.
Lejos de agotarse en una lógica meramente restrictiva, este momento normativo debería ser entendido como una oportunidad para que el Ministerio de Educación avance hacia un abordaje más amplio y contextualizado de la educación digital, incorporando la evidencia generada en el propio contexto boliviano y las experiencias acumuladas en el trabajo con comunidades educativas.
En esa línea, al menos tres recomendaciones resultan fundamentales. En primer lugar, fortalecer la formación docente continua en competencias digitales y ciudadanía digital, no solo en aspectos técnicos, sino también pedagógicos, éticos y de protección, que permitan a maestras y maestros identificar riesgos, acompañar a estudiantes y actuar frente a situaciones de violencia digital. En segundo lugar, promover una integración pedagógica y contextualizada de la tecnología en el aula, reconociendo que los dispositivos móviles forman parte de la vida cotidiana del estudiantado y que, con orientaciones claras, pueden contribuir a fortalecer aprendizajes, participación y convivencia escolar. Finalmente, revisar los sistemas de evaluación y convivencia escolar, incorporando habilidades como el pensamiento crítico, la gestión de conflictos en entornos digitales y el uso responsable de la información como competencias educativas clave del siglo XXI.
Sin una estrategia que articule estos elementos, la prohibición corre el riesgo de convertirse en una medida simbólica, con escaso impacto pedagógico, que no enfrenta las causas estructurales de la violencia digital ni responde a la complejidad de la experiencia educativa contemporánea.
Educar en la era digital no consiste en prohibir la tecnología, sino en enseñar a usarla de manera crítica, responsable y creativa. La pregunta central no debería ser si los celulares deben o no estar en el aula, sino qué tipo de educación queremos ofrecer en una sociedad profundamente atravesada por lo digital y qué capacidades necesitamos fortalecer para que niñas, niños y adolescentes ejerzan plenamente su derecho a una educación pertinente y segura.
Por Camilo Arratia, integrante de la Fundación InternetBolivia.org
Referencias
Banco Interamericano de Desarrollo. (2024). Mobile devices and children’s development: The case for school restrictions (IDB Working Paper No. 1758). BID. https://publications.iadb.org/en/mobile-devices-and-childrens-development-case-school-restrictions
British Broadcasting Corporation. (2024, 15 de octubre). School smartphone bans do not improve grades or mental health, study finds. BBC News. https://www.bbc.com/news/articles/cy8plvqv60lo
UNESCO. (2023). Technology in education: A tool on whose terms? Global education monitoring report 2023. UNESCO. https://www.unesco.org/gem-report/en/2023-technology
World Economic Forum. (2023, 31 de agosto). La UNESCO pide que se prohíban los teléfonos en las escuelas: ¿por qué? Foro Económico Mundial. https://es.weforum.org/stories/2023/08/la-unesco-pide-que-se-prohiban-los-telefonos-en-las-escuelas-por-que/
Todo sobre Mediación. (s. f.). Apagar el celular no apaga la violencia en las escuelas. https://todosobremediacion.com.ar/apagar-el-celular-no-apaga-la-violencia-en-las-escuelas/
InternetBolivia.org. (2025). Reporte SOS Digital 2025: Riesgos y violencias digitales en niñas, niños y adolescentes en Bolivia. https://sosdigital.internetbolivia.org/reporte-2025/
Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento [ICC] – Universidad Católica Boliviana, Save the Children, & InternetBolivia.org. (2024). Navegando entre riesgos: Experiencias, percepciones y desafíos de niñas, niños y adolescentes en entornos digitales.
